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Presentadas las
pinturas de la catedral de La Almudena terminadas para la boda del Príncipe
El arzobispado de Madrid presentó este miércoles a
los medios de comunicación las pinturas realizadas por Kiko Argüello,
fundador del Camino Neocatecumenal, en el ábside de la catedral de La
Almudena, que han quedado así listas para la boda del Príncipe Felipe
con Doña Letizia Ortiz el próximo mes de mayo. El resto de la decoración
de la catedral será sobria y estará formada principalmente por tapices
y flores blancas y verdes.
Detrás de estas pinturas,
explicó Kiko Argüello, está la fe de siglos y se ha seguido el Canon
ortodoxo de los grandes misterios cristianos, tanto en la composición
como en los colores, y añadió que es un arte al servicio de la nueva
evangelización.
Siguiendo, sobre todo, las huellas de Rublev, "hemos buscado una
expresión moderna incorporando los descubrimientos del arte occidental
contemporáneo, desde el impresionismo en adelante: Matisse, Braque,
Picasso, etc., en el intento también de abrir un puente a través del
arte entre las Iglesias Católica y Ortodoxa", dijo el pintor.
El ábside se ha decorado con un conjunto de siete murales y ocho
vidrieras colocado en tres planos diferentes. Los murales representan el
Cristo Pantocrátor, que está en el centro de la composición y en
donde convergen los siete cuadros que forman como una "corona mistérica"
de los momentos fundamentales de la vida de Cristo: la vida terrenal
(Bautismo, Transfiguración y Crucifixión) y la vida celestial (la
resurrección, representada mediante una tumba vacía; la Ascensión y
Pentecostés).
El nombre de María
Sobre las pinturas, como joyas que embellecen y adornan dicha
"corona mistérica", explicó Argüello, hay dispuestas siete
vidrieras dedicadas a la Palabra o Verbo de Dios, con su nombre en
diferentes lenguas: latín, griego, hebreo, siríaco, cirílico y español.
En el centro de todas ellas, el nombre que resume a la Iglesia, el
nombre de María. Bajo la imagen del Pantocrátor, situada en la capilla
axial del ábside, ilumina toda la nave central otra vidriera. En ella
está representado Cristo resucitando de la muerte con la bandera de la
victoria en la mano izquierda y con la mano derecha levantada mostrando
sus llagas gloriosas.
A los pies de Cristo aparece la tumba vacía con las vendas y el sudario
y en la parte más baja, a la izquierda, el esbozo de un soldado con su
escudo y su espada caídos por tierra como símbolo del triunfo de la
Vida sobre la guerra y la muerte. En cuanto a la técnica empleada, las
pinturas están realizadas sobre muro preparado con estuco romano,
utilizando distintos pigmentos minerales aglutinados con aceite de lino
y diluidos con esencia de trementina. Los óxidos así diluidos penetran
en el estuco haciéndose un cuerpo con él. En la medida que la cal y la
marmolina van recibiendo el color y este va penetrando en el estuco, la
pintura mural adopta una textura mate y aterciopelada de gran duración
y efecto cromático. Los fondos están hechos con pan de oro.
La vidrieras
Por su parte, las vidrieras, realizadas en la isla de Murano (Venecia),
están hechas sin plomos, con una nueva técnica donde los cristales
soplados van engarzados en aluminio negro. La figura del Cristo
resucitado ha sido grabada sobre cristal placado a fuego con ácido
fluorhídrico.
Para Kiko la obra conjuga "modernidad y tradición; nueva estética
y representación no sentimental, sino teológica de nuestra fe. La
composición y los contenidos estructurales de la iconografía
representada siguen la más antigua tradición, sea de la Iglesia de
Oriente como de Occidente; aquella anterior al siglo XV, en un momento
en el que las Iglesias aún no estaban separadas ni por la fe, ni por la
teología, ni por la estética".
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